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En determinadas situaciones, la electrocardiografía (ECG) convencional es la técnica con la mejor eficacia diagnóstica, es decir, la que nos ofrece unos criterios que nos permiten determinar si una cierta enfermedad está presente o ausente mejor que cualquier otra técnica diagnóstica (Fisch, 1989; Schlent, 1991).
En conjunto, la ECG convencional se puede considerar como la técnica de referencia, o «patrón oro», para el diagnóstico de los trastornos de conducción auricular y ventricular, la preexcitación ventricular, la mayoría de las arritmias cardíacas y el infarto agudo de miocardio. En algunos casos, otras técnicas electrocardiológicas pueden ser necesarias para realizar un diagnóstico exacto. Por ejemplo, en algunas taquicardias con QRS ancho, puede ser difícil distinguir entre aberración y ectopia con un electrocardiograma (ECG) convencional de superficie. La misma limitación puede existir para la exacta localización de una vía accesoria.
En otras circunstancias, como los crecimientos auriculares y ventriculares, las alteraciones debidas a cardiopatía isquémica crónica (las imágenes ECG debidas a isquemia y necrosis) u otros trastornos de la repolarización, aunque la ECG convencional puede proporcionar información muy valiosa para el diagnóstico, tiene sin embargo menos  potencial  diagnóstico que las técnicas de imagen (p. ej. la ecocardiografía para detectar los crecimientos auriculares y ventriculares, etc.).
Es muy importante conocer el verdadero valor de los criterios diagnósticos ECG de las enfermedades en las que el ECG no es el «patrón oro» para el diagnóstico (p. ej. los criterios diagnósticos de crecimiento auricular y ventricular, de la necrosis en fase crónica, de las taquicardias con QRS ancho, etc.). Debemos conocer la especificidad (SP) y la sensibilidad (SE) de otras técnicas electrocardiológicas para determinar en presencia o ausencia de dichas enfermedades. Por lo tanto, es indispensable aplicar dichos conceptos de SE, SP y valor predictivo en tales casos.
El verdadero valor de los criterios diagnósticos se determina mediante la comparación de los criterios obtenidos con la técnica problema o técnica que se evalúa (en este caso, el ECG de superficie u otra técnica electrocardiológica) con los resultados de una técnica que es el «patrón oro» para el diagnóstico, es decir, la técnica de referencia (Ransohoff, 1979; Willems, 1985). Dicha técnica de referencia puede ser otra técnica electrocardiológica (como las técnicas endocavitarias en el caso de QRS ancho) o una técnica diferente (la ecocardiografía, una técnica hemodinámica, los hallazgos clínicos como por ejemplo la presentación o no de un determinado proceso clínico, etc.). Es sólo recientemente que se ha aplicado toda esta metodología al diagnóstico ECG. Hasta hace poco éstos eran a menudo más intuitivos que racionales.
La información derivada de ambos, la prueba problema (presencia o ausencia de un criterio determinado ECG, o la positividad o negatividad de una técnica electrocardiológica), y de la prueba de referencia considerada como «patrón oro» para el diagnóstico (otra técnica electrocardiológica o técnicas de imagen no electrocardiológicas, o bien los hallazgos clínicos, como la presencia o no de la enfermedad, etc.), se pueden mostrar en una tabla con dos filas (los resultados de la prueba problema) y dos columnas (la distribución exacta de la enfermedad según la prueba de referencia). Esto se conoce como una tabla de 2 ? 2 (Tabla 8.1). Utilizando dicha tabla, se puede calcular la SE, SP y valor predictivo de la prueba problema (Diamond, 1979; Wulff, 1980).
 

 
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