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El electrocardiograma como la mejor técnica de registro de la actividad eléctrica del corazón

A .  El  electrocardiograma  es  la  mejor  técnica  para:
El diagnóstico y la valoración de todas las arritmias cardíacas activas y pasivas, trastornos de la conducción (bloqueos) y síndromes de preexcitación.
Realizar en las taquicardias con QRS ancho un correcto diagnóstico diferencial (taquicardia supraventricular vs ventricular) en más del 90% de los casos.
Identificar los patrones ECG que pueden sugerir taquiarritmias en el futuro, o incluso riesgo de muerte súbita. Ello incluye los patrones de Wolff-Parkinson-White  (WPW),  de QT corto y largo, de Brugada y la onda P – en II, III y VF,  entre  otros.
Determinar si es necesario o no implantar un marcapasos convencional o de resincronización, terapia de resincronización cardíaca (TRC) (Cap. 17) (Bayés de Luna, 2011).
El diagnóstico de accidentes isquémicos agudos. En  este caso, es esencial disponer de la información clínica, pero un buen conocimiento de los patrones ECG puede ayudar a sospechar y  confirmar  el  diagnóstico,  y  a  distinguir los diferentes tipos de síndromes  coronarios  agudos (SCA), empezando por clasificarlos en dos tipos: SCA con elevación del segmento ST, y SCA sin elevación del segmento ST (Antman-Bayés de  Luna-Fiol, 2007) (Caps.  13 y  20).
Detectar la expresión ECG fenotípica de las canalopatías (QT largo, QT corto, síndrome de Brugada). En otras cardiopatías hereditarias, como la miocardiopatía hipertrófica o la displasia arritmogénica del ventrículo derecho, el ECG también puede ayudar en el diagnóstico, pero no hay una clara correlación genotipo-fenotipo (Bayés de Luna, 2011) (Cap. 17).
El control de los diferentes tipos de marcapasos y desfibriladores implantados.
B . El  electrocardiograma  es  también  muy  importante para:
Sospechar el diagnóstico de cardiopatía isquémica crónica, incluido el infarto-Q crónico, así como realizar la evaluación y el seguimiento de los pacientes postinfarto de miocardio y poscirugía cardíaca.
El diagnóstico y seguimiento de las valvulopatías, las pericarditis (Spodick, 1982), y situaciones especiales, como el desequilibrio electrolítico (Surawitz, 1967) o el efecto de determinados fármacos.
La evaluación de los atletas y chequeos en general, así como la evaluación preoperatoria para la cirugía cardíaca y no cardíaca.

 
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